Hacía tiempo que no veía una película de brujas tan bien construida. Acá nos encontramos en una España a finales de 1999, con 4 chicas, con personalidades bien marcadas, dispuestas a iniciar a una de ellas (Lily) en un ritual vinculado con los elementos de la Tierra. Al principio, no sabremos muy bien a qué están jugando, y todo parece inocente y amable, pero hacia el final las cosas toman una dirección bastante más turbulenta...
Esta coproducción con España trae algunas novedades muy bienvenidas. A la ya clásica historia de 'jóvenes brujas' se le incorporan varios elementos que hacen a la cinta visualmente una caricia. Un punto a destacar es la fotografía. Pocas locaciones y una ambientación suprema. Realmente nos sentimos en ese bosque, pero no amenazados -al menos, en una parte importante de la película-, sino en comunión con ese espacio, los sonidos, los colores. Un trabajo digno de ser aplaudido, junto con la dirección de cámaras, que es cuidadosa y transmite muchísimo con cada plano. Finalmente, las actuaciones me parecieron sumamente convincentes y con mucha química entre las actrices; reflejan muy bien empatía o desprecio con los diferentes personajes, a destacar también.
En una ronda de preguntas y respuestas, el director mencionaba que la escena introductoria fue un agregado para darle más contexto a la historia, por lo que el final tiene más contundencia. Y que efectivamente el personaje protagonista tiene una raigambre en textos sagrados. Esa información, que yo desconocía, le sumó mucho a la historia, una excelente adición.
Lo que me gustó: Los efectos prácticos, una rareza (bienvenida!) en estos tiempos de CGI, una verdadera pasada. La música, de Joan Martorelli -el score orquestal, una delicia-, y los temas 'noventeros' que cantan las chicas. Con esos elementos, el film se sostiene con peso específico. No tiene baches.
Lo que no me gustó: El tercer acto es un poco largo, juega menos al misterio que 'a mostrar' a la deidad. Hubiese preferido un poco más de misterio allí.
★★★★
